El PT y el Socialismo

La Sociedad socialista que persigue el Partido de los Trabajadores

 

Muchos se hacen preguntas sobre cómo será el Socialismo, el nuevo sistema económico político y social que derroque al Capitalismo. Qué problemas se presentarán en ese sistema  y cómo se las tendrá que superar.

Es cierto que no se puede afirmar con toda precisión cómo se sucederán los acontecimientos y la realidad de la reacción de millones de personas que habrán pasado bruscamente de una forma de vida a otra muy diferente y con valores totalmente distintos. Al comienzo de ese nuevo periodo histórico serán los principios y los valores humanos que proporciona la ideología socialista los que serán fuente donde se nutrirá la voluntad y el esfuerzo de los habitantes. Sin embargo, el hombre no sólo vive de valores y principios por lo que será fundamental dar solución a los infinitos  problemas, especialmente económicos, que se crearán a medida que el tiempo pase, especialmente aquellos problemas que serán originados por quienes habiendo perdido privilegios organizarán sabotajes, complots, intrigas, desmoralización y, lo que es peor, mantendrán y generarán capitalismo instante a instante, día a día, sin cambiar la mentalidad y el modo de pensar colonial que el Capitalismo nos inculcó durante siglos y que hoy parecen imposibles de cambiar.

El ideal de construir una sociedad justa y sin desigualdades fue una aspiración milenaria y sobre lo que podría ser el Socialismo se tiene escrito cientos de obras donde se exponen planes grandiosos y fantásticos pero con un fundamental vacío que es el cómo llegamos a implantar el socialismo. Esos históricos intentos de soñar y planificar el Socialismo se denominan Socialismo Utópico, surgidos antes de Marx y cuyos mayores exponentes fueron, Campanella en Italia, Saint Simón, Fourier, Meslier, Morelly, Mably, Babeuf en Francia, Tomás Moro y Robert Owen en Inglaterra. Babeuf decía, por ejemplo, que la Revolución francesa no era más que la “anunciadora de otra más grande y más solemne que será la última”. Todos estos utopistas de diferentes generaciones (a excepción de Saint Simon y Fourier que proclamaban el colaboracionismo) coincidían en la eliminación de la propiedad privada y el trabajo obligatorio para todos, llegando a esa conclusión después de evaluar la tremenda injusticia, humillaciones y sometimiento cruel a las mayorías de las sociedades humanas.

Es común escuchar, al evaluar la situación actual, que todo tiempo pasado fue mejor. Desde tiempos antiguos se añora lo que se vino en llamar la “edad de oro”, en la que no existía la propiedad privada de los medios de producción y por lo tanto no existía la explotación y las clases sociales. Era la comunidad primitiva. En nuestra patria grande ancestral, cuna de milenaria cultura, no sólo se carecían de fronteras odiosas sino también se contaba con una forma comunitaria de vida donde los valores éticos y morales eran por demás superiores a las civilizaciones que posteriormente nos colonizaron e impusieron un capitalismo salvaje de cuyas consecuencias y efectos no podemos hasta ahora despojarnos. Desde la llegada de los invasores de Europa, hambrientos de riqueza a como de lugar, hubo la reacción dialéctica que significaba una rebeldía y alzamientos que regaron de sangre todo lo largo del continente. Las grandes sublevaciones reivindicaban también la edad de oro que los originarios de estas regiones habían vivido por siglos. Las grandes proclamas indígenas y los intentos de derrocamiento de los regímenes coloniales y posteriormente republicanos que habían heredado el látigo del colonizador sustentaban en el fondo la lucha por la igualdad, contra la discriminación, contra el rascismo y contra toda lacra que el Capitalismo había implantado. Y al cuestionar al Capitalismo se plantearon su sustitución por un nuevo sistema sin explotadores ni explotados y que no puede ser más que el socialismo.

Marx y otros grandes revolucionarios avanzaron en la práctica, teoría e ideología socialista dotándole de contenido basado en los avances y descubrimientos científicos en las diferentes ramas del saber humano y principalmente en el desarrollo de las fuerzas productivas merced a la aplicación de los descubrimientos tecnológicos en los grandes centros de trabajo. Igualmente en nuestros pueblos habíamos conocido en carne propia la crudeza y salvajismo del capitalismo colonialista y, en diferentes etapas de la Historia, se fue avanzando y construyendo esa gran decisión de luchar todos los pobres y explotados por una sociedad diferente en el que se respete sus diferencias pero que sean base de construcción de una igualdad en lo económico y social.

El Socialismo surgirá como resultado del triunfo sobre el Capitalismo de la clase trabajadora en invencible alianza con campesinos, naciones originarias andino amazónicos y los sectores más empobrecidos de las ciudades y los campos. Las medidas que un gobierno socialista aplique no será fruto de una receta sino de las condiciones particulares que se den en el momento, respetando las formas y tradiciones propias del mosaico plural de las nacionalidades. Así como no se puede decidir sobre la fecha de instauración del socialismo no se puede conocer las condiciones que existirán en el momento del gran cambio.

Sin embargo, existen varias interrogantes de  los trabajadores y el pueblo sobre el socialismo, sobre si valdrá la pena luchar con tanto sacrificio por ese sistema y si será realmente posible triunfar en esa lucha.

Las respuestas a esas preguntas las tendrán que proporcionar los propios actores organizados en sus diferentes instancias tanto sindicales, comunales y políticas. A este respecto tenemos la ventaja de contar con ricas experiencias prácticas en nuestro país y en varios países del mundo. En estos últimos algunos cayeron incluso después de décadas de intento socialista. Lamentablemente, el aislamiento, la degeneración burocrática y la falta de una verdadera participación del pueblo mayoritario aprovechado por la gigantesca campaña y sabotaje financiado por el capitalismo que desorganizó, saboteó y finalmente derroto a esos intentos de instauración de regímenes socialistas. Debemos extractar de esas experiencias todo lo mal que se hizo para corregirlo así como todo los positivo para aplicarlo, pero siempre serán las condiciones del momento las que señalarán los pasos más precisos que los trabajadores emplearán organizadamente en su momento. La experiencia cubana debe ser profundamente estudiada. Asimismo las experiencias revolucionarias en nuestro país, que terminaron en traiciones también deben ser evaluadas con sincera y honesta autocrítica.

De lo que se trata entonces en este artículo es el de señalar con herramientas de la dialéctica revolucionaria la futura sociedad socialista y tratar de mostrar los beneficios para la Humanidad al erradicar los problemas fundamentales que el Capitalismo engendró y la búsqueda de la libertad real junto a la igualdad y solidaridad.

1.       Primeras medidas luego del triunfo y conquista del poder político.

De hecho el triunfo deberá necesariamente ser también militar.  Es decir deberá desmontarse las estructuras militares y policiales para dar lugar a las milicias obreras que serán el brazo armado de las juntas, asambleas o consejos de trabajadores que tendrán la gran misión de organizar día tras día los nuevos pasos de la revolución triunfante. El Estado revolucionario que llegarán a crear estas asambleas o consejos tendrá la finalidad de consolidar y de hacer frente a la descomunal reacción del Capitalismo que recurrirá a las formas más sangrientas utilizadas a lo largo de su negra historia. Ante la derrota de sus fuerzas militares y policiacas que habrán utilizado los recursos golpistas y fascistas, sufridas en el pasado por la clase trabajadora en el pasado, el Capitalismo recurrirá al auxilio de las fuerzas externas e imperialistas con invasiones y ataques, incluso nucleares para derribar al nuevo Estado revolucionario. Entonces es vital la formación y consolidación del Ejercito Revolucionario compuesto por el pueblo armado.

Es en esas circunstancias que funcionará verdadera Democracia donde sin ser absoluta será tremendamente mayoritaria. La actual Democracia parlamentaria burguesa, limitada en el tiempo, espacio y en la forma prebendalista de elección será derrotada por una democracia al día con participación directa del pueblo mayoritario y sufrido, con mecanismos de revocatoria  y con un salario igual al de un obrero que evite la distorsión y el retorno a los viejos resabios que originaron la corrupción en la sociedad capitalista.

Para los que disfrutaron por siglos de los beneficios del Capitalismo el nuevo sistema político será una “aberración”, “antidemocrática”, “salvaje”, etc. y utilizará hasta sus últimos centavos para contratar sicarios, agentes dentro de los propios trabajadores y población pobre para sabotear la producción y sembrar el desconcierto, la desmoralización y pesimismo dentro de los trabajadores e incluso en sus direcciones. Será ésta la parte más difícil de combatir porque el enemigo estará muchas veces al lado nuestro sin que lo notemos de inmediato.

2.       Conquista del poder económico.

Todo sistema se fundamenta en el trabajo, por lo que el Socialismo también basa su existencia en la economía. Por lo tanto lo prioritario después de la conquista del poder Político será la toma de los grandes medios de producción capitalista, las empresas trasnacionales y todas aquellas empresas que, bajo el engañoso carácter de empresas comunitarias y familiares, mantienen toda una legión de trabajadores en categoría de subcontratados y con las mínimas o nulas condiciones de seguridad social y laboral. Tardar o dilatar la acción en este punto sería un suicidio porque se permitiría seguir generando fondos para que la reacción capitalista los utilice en contra de la revolución. La experiencia ha demostrado que retardar esta acción de incautación de los grandes medios de producción y la reversión de tierras al Estado en planes de mediano o largo plazo no ha sido más que argumentos de los agentes del capitalismo o de las burocracias insurgentes que no están convencidos del nuevo sistema socialista. Es el argumento más empleado por el reformismo.

La Nacionalización bajo este nuevo régimen tendrá diferente contenido que las nacionalizaciones en regímenes burgueses, progresistas  y nacionalistas en donde la nacionalización se da con un Estado capitalista. En cambio cuando el régimen revolucionario tendrá en sus manos el poder político el Estado será un Estado revolucionario, Una de las prioridades será la Nacionalización  de los bancos para evitar la fuga de capitales.

Las nacionalizaciones del régimen revolucionario implican grandes movilizaciones y tomas físicas de los centros de trabajo por sus trabajadores, con un gran apoyo del pueblo, constituyendo inmediatamente consejos de producción  para evitar su paralización y el sabotaje. Estos consejos deberán tener relación directa con los consejos de producción estatales también compuestos por trabajadores. No se debe dejar la producción a las élites burocráticas y tecnocráticas porque a la larga degenerarán la revolución apropiándose de ella y constituyéndose una verdadera clase que luchará por el retorno al Capitalismo, donde los nuevos ricos serán esos burócratas y tecnócratas traidores a la gran Revolución socialista.

Los científicos y técnicos que cuentan los grandes centros de producción son empleados por los dueños y socios capitalistas por lo que no tendría que significar  ningún problema el que sigan trabajando como cualquier trabajador al mando del Consejo de Producción. Este personal era imprescindible para la competencia capitalista cuya finalidad era la ganancia. Ahora se deberán abocar a hacer eficiente la empresa para el beneficio del conjunto de la sociedad en la que la permanente superación y cualificación técnica del obrero sea un objetivo del gran cambio educacional socialista, la que debe empezar con una gran campaña de elevación de la autoestima de los trabajadores y pueblo eliminando la subestimación de los trabajadores en el proceso de producción. Si no sabe cómo funciona su empresa y cómo hacerlo funcionar será lógico que tendrá grandes dificultades para manejar el Estado.

Al tener las nacionalizaciones un carácter definitivo y de aniquilación del sistema capitalista no corresponde ninguna indemnización ni compensación porque indudablemente esos recursos serán utilizados en contra de la revolución.

La planificación en el sistema socialista es una fundamental diferencia con el sistema anárquico y ciego de la producción capitalista. Para que la planificación de la economía socialista funcione efectivamente será necesaria una gran participación democrática de los trabajadores y el pueblo en la toma de decisiones. Desde abajo o desde las bases se conocerán con una absoluta realidad la situación de cada empresa sin las especulaciones y tergiversaciones que tienen la finalidad de ocultar su verdadero estado. Si se deja esta tarea a burocracias permanentes este fenómeno inevitablemente se dará para aparentar una supuesta normalidad y crecimiento. La participación masiva de los trabajadores en control de la producción y la industria sumado a la planificación de la economía hará del obrero el sujeto y no el objeto de la producción priorizándose la necesidad y la capacidad dentro del gran Plan Económico del Socialismo.

Las naciones originarias, tanto en el lado andino como en la amazonía, con su milenario sistema comunitario, solidario y excepcionalmente amante de la naturaleza hallará en el nuevo sistema una aproximación grandiosa a su forma de vida, a partir de la cual podrá con su directa participación, avanzar sin trabas coloniales por muchas mejores perspectivas.

Se tropezará con infinitos problemas al incorporar al nuevo régimen a los trabajadores de las cooperativas y los miles que viven gracias a la economía informal. El carácter cuentapropista, individualista y violento de esa masa significativa será un duro impedimento para lograr una aceptación y comprensión sobre los alcances de la revolución. Muchos de ellos constituirán parte de las fuerzas contrarrevolucionarias más difíciles de derrotar. Sin embargo la acción propagandística y educativa de la mayoría del pueblo que acompañará la revolución será decisiva para la victoria. En esa labor será necesario comprender que la mejor manera de concientizar es despojándose de las ataduras y mentalidad colonizada paternalista. De todas maneras, la revolución deberá avanzar y para ello se deberá adoptar las medidas colectivas más urgentes.

La juventud será sin duda el sector más combativo y convencido de los objetivos de la revolución y lo que hoy sucede en varios países nos motiva a tener esa seguridad. Nuevamente se verán en esas heroicas jornadas el papel extraordinario e invalorable de las madres y mujeres en general. Sin embargo todo lo que afirmamos es en función a lo que conocemos, pero no calculamos las sorpresas que nos puede proporcionar las acciones colectivas, heroicas y humanas de los actores revolucionarios.

3.       La necesidad del socialismo en todos o varios países.

Los gigantescos capitales de diferentes empresas en distintas partes del mundo se unen sin mayor problema e incluso estas uniones trasnacionales originan la conformación de bloques de países capitalistas e imperialistas que definen el destino de los países que se atreven a cuestionar al capitalismo, sin importar el respeto a la soberanía o tratados internacionales y poniendo a las organizaciones mundiales y regionales como simples pantallas santificadoras de su política intervencionista a favor del Capitalismo. Aquí se ve claramente que para el dinero y el capital no existe fronteras mucho menos nacionalismos si estos perjudican la ganancia colosal de sus empresas desplegadas a lo largo del mundo.

Esta es una de las razones principales por las que la clase trabajadora debe establecer y profundizar las relaciones internacionales con todos los trabajadores del mundo por estar sometidos, por igual,  por un sistema mundial de explotación capitalista.  Esta solidaridad mundial de clase también se expresa de manera espontánea entre las diferentes capas sociales pobres de los diversos países del mundo. Hoy, la producción está dispersa a lo largo del mundo desarrollado por millones de obreros que contribuyen a la creación de bienes cuyos beneficios son de una casta de capitalistas que no llegan a sumar el 1% de la población del planeta. En Bolivia, donde la industrialización es mínima se tiene una clase obrera industrial también pequeña pero con alto grado de conciencia organizativa y solidaridad. Nadie sabe más de la necesidad de solidaridad que el pueblo explotado de Bolivia por las represiones sangrientas propiciadas por el régimen colonial y capitalista a lo largo de su Historia.

Si se da el triunfo del Socialismo en sólo país deberá trabajarse muy duramente para que los trabajadores del mundo comprendan la necesidad de generalizar el derrocamiento de los sistemas capitalistas en el mundo entero. Para ello es necesario conocer y divulgar  lo que ocurre en el mundo. La crisis que recorre todos los países del orbe en sus diferentes aspectos, económico, político, moral, del medio ambiente, de seguridad y confianza nos da derecho a señalar con crudeza que la alternativa es entre Socialismo y Barbarie. Socialismo para la vida y Barbarie que significa la degeneración, autodestrucción y muerte. En Europa se vive una dramática crisis que no parará y más al contrario se extenderá al mundo como un efecto dominó. Estas crisis siempre la hemos vivido en el sistema capitalista porque son parte natural de su existencia, pero cada vez se hacen más insalvables. Las crisis anteriores siempre la han resuelto sobre las espaldas de los trabajadores y pueblo empobrecido, reduciendo salarios, recortando presupuestos sociales, incrementado el ejército de desocupados, intensificando las jornadas laborales, declarando el trabajo como emergencia de guerra, desconociendo derechos laborales, instaurándose dictaduras que a nombre del Capitalismo ejerce la más brutal represión y trabajo obligatorio superexplotado. El Capitalismo en su desesperación por salir de la crisis  recurre a intervenciones militares ejecutadas por países imperialistas desconociendo soberanía y avaladas por organismos mundiales y finalmente atizando y desatando guerras destructoras de países enteros para que luego los propios países capitalistas se repartan el país derrotado, utilizando sus recursos naturales como botín y  con toda libertad y abuso. Una vez que se produce una invasión a gran escala, caso Afganistan, Irak inician un supuesto proceso de reconstrucción con las propias empresas capitalistas de los países invasores y con los recursos de los países invadidos, originando una recuperación temporal de grandes empresas trasnacionales y las economías imperialistas.

El caso cubano y la experiencia de los países del este de Europa son muestras muy precisas sobre el trabajo del Capitalismo para frustrar, debilitar, sabotear y terminar con el Socialismo en un solo país o en sola región del mundo. Los países socialistas, en estas condiciones, deben presupuestar miles de millones de dólares para su defensa interna, es decir armas,  descuidando inmensas necesidades del pueblo que debían ser atendidas con esos recursos. La burocracia interna de los países liberados igualmente gana posiciones sustentando posiciones conciliatorias e instando al abandono de las posiciones revolucionarias. Al final, el bloqueo y sabotaje económico serán las medidas que impondrán los países imperialistas y títeres como es el caso de más de medio siglo en la hermana república de Cuba.

Construir el socialismo en un solo país es tremendamente difícil, por ello se debe desplegar todos los esfuerzos para irradiar la revolución a los cuatro confines del mundo. Hoy la producción es cada vez más socializada a través de cientos de millones de trabajadores, mientras que la apropiación o la ganancia es para reducidas manos capitalistas. Utilizando los avances en comunicación e internet se debe convocar a las inmensas masas de jóvenes que viven la incertidumbre de su futuro en un mundo destinado a sucumbir si la contaminación originada por el capitalismo no se detiene a tiempo.

Las mismas razones que hacen posible el funcionamiento globalizado de la producción mundial arrastrarán irremediablemente a un colapso regional o mundial que justifiquen la revolución general que  estremezca, desnude y debilite la ideología carcomida y putrefacta del capitalismo.

4.       Producir para satisfacer las necesidades humanas

La economía planificada socialista en un país y mucho mejor si es a escala internacional terminará con las crisis cíclicas del capitalismo, evitando la destrucción y despilfarro de recursos de la producción a través de las bancarrotas, sobreproducción y desempleo masivo. Los inmensos recursos científicos, tecnológicos, económicos y humanos que hoy se destina a la destrucción o a la guerra se reconducirán para fines de utilidad social.

La producción socialista planificada, respetando las formas comunitarias de producción,  no duplicará esfuerzos ni habrá sobreproducción que origina despilfarro, consumismo, falsa competencia, y distribución  anárquica de lo producido. La propaganda y publicidad millonaria desaparecerán por cuanto la calidad y la necesidad serán de hecho las impulsoras de la producción, al margen de las competencias insanas que las empresas capitalistas nos tienen acostumbrados para adquirir sus productos sobrevaluados pero cada vez de menor calidad.

En consecuencia el Socialismo desarrollará colosalmente las fuerzas productivas sentando las bases materiales para la desaparición de las odiosas clases sociales. Por fin se hará posible proporcionar a todos las necesidades básicas como ser alimentación, vivienda y vestido. La atención de salud y educación gratuita se generalizará en igualdad al desaparecer los mercaderes de la salud. La ciencia médica se pondrá al servicio de la humanidad y no de las poderosas trasnacionales privadas de hoy.

Las necesidades primordiales del ser humano serán el objeto de la producción por lo que los salarios discriminatorios que se pagan a la casta superior de los administradores de empresas trasnacionales desaparecerán así como los jugosos salarios en ramas improductivas como el estrellato en el cine y muchos deportes. Se debe tener siempre presente que el dinero no se obtiene por arte de magia sino que es producto de la fuerza del trabajo y el esfuerzo de los hombres. Este trabajo debe ser productivo y no insulso, debiendo tener como fin la satisfacción de las necesidades humanas. Gradualmente la vivienda y el transporte deberán dejar de ser comerciables. El principio de la distribución gratuita se hará extensivo desde el agua, vivienda, salud, enseñanza y transporte hasta la comida, el vestido, comunicaciones y finalmente abarcar todo de tal forma que la compra – venta ya no tendrá razón de ser y desaparecerá junto al dinero, fetiche creado por el capitalismo. Al liberarse las tremendas y gigantescas fuerzas productivas hoy limitadas y restringidas por el Capitalismo se harán realidad estos increíbles avances que parecen sueños irrealizables. Recordemos e investiguemos sobre lo que hizo la revolución soviética, china y otras por sus habitantes, avances nunca logrados en la sociedad capitalista a pesar de las degeneraciones burocráticas posteriores, que fueron muy bien aprovechadas por el capitalismo mundial. Conozcamos  también los resultados en salud y educación de parte de Cuba, país sometido a permanente sabotaje y bloqueo por parte de EE.UU. y sus países satélites. Son los mejores ejemplos prácticos que los pueblos deben conocer.

5.       El Trabajo y su transformación en una sociedad Socialista

El trabajo es de trascendental importancia para el Hombre y la Sociedad porque es lo que nos hace diferentes de otros seres vivientes. La forma cómo se produce en una sociedad define sus relaciones sociales y políticas.

El trabajo en el Capitalismo tiene esencialmente un destino: la satisfacción de la ganancia y las utilidades para beneficio privado. En una economía estatal donde se convive con el capitalismo, lo que genera como utilidades una empresa estatal sirve para utilizar en las infinitas necesidades del Estado en materia social, sin embargo, sus aportes siempre serán  insuficientes por cuanto el Capitalismo de Estado que surge con toda alharaca priorizando la economía estatal termina catastróficamente beneficiando a la economía privada por su absorción al Capitalismo. Es una regla general a que nos tienen acostumbrados los regímenes reformistas con diferentes denominaciones y caretas.

El trabajador, bajo estas condiciones de vida capitalistas, desarrolla su faena con el propósito de obtener, en primer lugar el sustento diario para la familia, en segundo lugar, si es posible, una vivienda propia y, a medida que pasen sus años de trabajo, su preocupación radica en la jubilación que perciba cuando se encuentre prácticamente incapacitado para continuar trabajando. No hay trabajador cuya pareja e hijos no se encuentren desarrollando otro trabajo o negocio incluso informal que permita al hogar cubrir las necesidades siempre crecientes. La mentalidad colonial, consumista y rentista predominante en la sociedad capitalista termina con los sueños y planes de la familia. Por eso el trabajo en el sistema capitalista se constituye en una experiencia negativa para los trabajadores. Sabe que inevitablemente afecta su salud y por lo tanto influye en su moral y espíritu. La especialización del trabajo industrial origina la fragmentación y la repetición mecánica, monótona e interminable. Esas condiciones de trabajo no pueden ocasionar otra cosa que el agotamiento, aburrimiento y una marginación sobre el conocimiento técnico y utilidad respecto del trabajo que se realiza. Sin embargo el trabajo sacrificado del obrero es el que genera el lujo, ocio, cultura y bienestar para las familias capitalista y las burocracias estatales y dirigenciales. La transformación del trabajo es la tarea más importante que se debe realizar a corto, mediano y largo plazo socialista.

El primer paso revolucionario, una vez que las empresas pasen a poder de los trabajadores, es el control obrero o control social de cada uno de los integrantes del medio de producción por ser éstos los que mejor que nadie conocen el funcionamiento de su empresa. Las humillaciones de los capataces, jefes, supervisores y gerentes terminará dando lugar a la autodisciplina como fundamental para continuar el proceso de producción. El conocimiento del funcionamiento de la empresa, de sus finanzas, del proceso de comercialización o distribución permitirá atender cada vez mejor las necesidades laborales del trabajador como ser la seguridad industrial añadiendo interés y motivación al trabajo y principalmente generar más fuentes de trabajo para los miles de desocupados que deambulan en busca de trabajo.

La Planificación Socialista compartirá la cantidad de trabajo entre todos los trabajadores, que a su vez, deberán incluir a todos los componentes de la sociedad que antes buscaban desesperadamente un puesto de trabajo. Los adelantos tecnológicos deberán empezar a servir para disminuir el trabajo necesario, es decir la dureza, sobresfuerzo y explotación laboral. Esto permitirá que el trabajador mejore su formación y cultura para una participación mejor en la dirección de su empresa y la sociedad.

En el Capitalismo los trabajadores le tienen terror a la introducción del automatismo en una fábrica o centro de trabajo porque significa despido y desocupación. En una Sociedad Socialista se debe incentivar y multiplicar las máquinas automatizadas porque permitirán eliminar el trabajo duro, insalubre, desagradable y servil.

Por otra parte todo eso contribuirá a  la eliminación gradual de las diferencias odiosas del trabajo manual e intelectual que impuso al capitalismo con la existencia de clases. Eso se conseguirá con la incorporación cada vez más masiva y efectiva de los trabajadores en el control de la empresa y del Estado.

El trabajo en el Socialismo no debe ser una necesidad cansina, agotadora y aburrida sino como decía Marx, el trabajo se convertirá “no sólo en un medio de vida, sino el principal deseo de la vida”. Los seres humanos al igual que un niño pequeño, no son perezosos por naturaleza, más al contrario están llenos de curiosidad, energía y entusiasmo por aprender, por la actividad y por la vida. Es el Capitalismo, la opresión y el trabajo alienado lo que agota a la gente, los desmoraliza y los convence de que la vida es mejor sin interesarse por sus problemas y encerrarse junto al video y televisor por cable si es que se tiene y, si no, consumir su vida junto al alcohol y vicio.

El Socialismo unirá, más adelante, el hábito de realizar trabajo creativo y estimulante, la planificación de la producción para cubrir las necesidades humanas, el desarrollo de la ciencia y tecnología y la distribución gratuita de abundantes bienes.

La planificación socialista deberá tomar con prioritaria importancia y necesidad de sobrevivencia la planificación de la producción alimentaria, agrícola, piscícola y ganadera. El respeto a las naciones que componen nuestro Estado, a sus formas tradicionales de vida y producción y el respeto a sus diferentes cosmovisiones debe ser base de la planificación que los propios actores elaboren en consonancia con los grandes núcleos urbanos y centros de producción surgidos a través del tiempo del mismo seno de las comunidades y naciones originarias y que el colonialismo capitalista pretendió borrar.

6.       La liberación femenina.

En el Capitalismo se abordan los problemas por las ramas y no por las raíces. Es decir se los tratan superficialmente. En este caso concreto tratan los síntomas y efectos de la opresión de las mujeres y no su origen que se encuentra en la posición que ocupan dentro de la familia y el papel que juega la familia en la sociedad de clases en conjunto y la sociedad capitalista en particular.

En el Capitalismo de hoy, el cuidado de los niños y de la generación actual – en términos económicos, la reproducción de la fuerza de trabajo- es fundamentalmente responsabilidad de la familia nuclear privatizada. Dentro de la familia, esta carga de trabajo recae sobre todo en las mujeres. Para el Capitalismo esto es beneficioso ya que por un costo mínimo obtiene la reproducción y renovación de la fuerza de trabajo, dividiendo y fragmentando a la clase trabajadora. Las desventajas para las mujeres se manifiestan en el acceso al trabajo asalariado que es interrumpido y restringido; sus perspectivas laborales son menoscabadas; tienden a estar aisladas en el hogar y, en mayor o menor grado, dependen de sus maridos. Éste es el problema clave que debe resolverse para alcanzar la liberación completa y permanente de las mujeres en la transición socialista. Para ello no puede ignorarse las formas comunitarias ancestrales que son parte de la familia andino amazónica. En este sentido la solución pasa por un gran debate y sobre todo adoptar nuevas conductas revolucionarias que destierren el pensamiento colonial capitalista. La incorporación de instituciones del Estado que coadyuven y reemplacen la cobertura de las necesidades humanas que ahora se encuentran enteramente bajo responsabilidad de la familia, especialmente urbana, de tal forma que esa sustitución de deberes y responsabilidades debe ser necesariamente consciente y voluntaria. La tarea clave es la socialización eficiente y humanizada del trabajo doméstico y del cuidado de los niños o la colectivización de los mismos. A medida que se desarrollen modelos de vida comunitaria, serán de ayuda considerable logrando que el cuidado de los niños dejará de ser lo que hoy es para miles de familias una carga negativa, para convertirse en una experiencia positiva que se compartirá, primero entre hombres y mujeres en igualdad y luego entre toda la comunidad.

La desaparición de convencionalismos sociales (prejuicios y costumbres impuestas), mentalidad colonial  y presiones económicas influirá enormemente en las decisiones y elecciones que se hagan sobre la tenencia y formación de los niños. Eso liberará, en gran medida, de la subordinación que las mujeres han sufrido desde el comienzo de la sociedad de clases, hace seis o siete mil años, en las sociedades antiguas y desde la invasion del colonialismo y capitalismo en nuestros pueblos. Este programa no sería intentado por ningún gobierno capitalista porque fracasaría irremediablemente. Sólo en el Socialismo, con una firme decisión política y la participación conciente de la población se lograrán estos objetivos que serán parte de la liberación de las mujeres.

La liberación de las mujeres arrastrará la liberación de gays, lesbianas y toda forma de diferencias que los prejuicios hoy, condenan y eliminarán la homofobia para que nadie sea visto como una amenaza por nadie.

No obstante, por su complejidad, la revolución socialista no liberará automáticamente a las mujeres pero iniciará el proceso que acabará con una larguísima opresión de las mujeres y la transición al socialismo lo completará. Sin la completa emancipación de las mujeres es imposible hablar de la completa emancipación de la clase trabajadora y de la sociedad porque el Socialismo es la auto emancipación de los obreros, campesinos, naciones originarias y clase media empobrecida siendo un 50% de todo este conglomerado humano, las mujeres.

La revolución deberá tomar medidas legales inmediatas y directas como ser la abolición de las desigualdades entre hombres y mujeres y la ilegalización de cualquier forma de discriminación contra las mujeres; el establecimiento del derecho a anticonceptivos y aborto gratuitos, a petición y consentimiento de las interesadas, el derecho al divorcio inmediato y el derecho a igual paga y oportunidades laborales. Todos los abusos y formas de violencia contra las mujeres deberán eliminarse. Un avance fundamental con la abolición de la competencia capitalista es la desaparición de las imágenes explotadoras de las mujeres para promocionar productos, convirtiéndola en simples objetos mercantiles. Aunque en varios países capitalistas se han adoptado algunas de estas medidas que sin embargo los gobiernos y estados no lo pueden poner en práctica precisamente porque el Estado no es el principal o único  empleador como ocurrirá después de la revolución.

Sin embargo la liberación de las mujeres deberá estar muy ligada a la educación transformada por la revolución con una educación antisexista, anticolonialista y verdaderamente comunitaria con el cambio de la moralidad y ética que hoy sólo es aparente, hipócrita y degeneradora de la sociedad.

7.       La eliminación del racismo.

El racismo es uno de los rasgos y consecuencias más horribles y perniciosas del Capitalismo. No sólo los grandes crímenes del racismo como el holocausto nazi y el apartheid sino también sus manifestaciones relativamente “menores” tales como los pánicos que se crean periódicamente contra los inmigrantes en diversos países.

La revolución declarará la guerra más encarnizada contra cualquier  forma de racismo y acabará con sus raíces de manera que con el tiempo se convertirá en una reliquia histórica. Para ellos sus escuelas y medios de comunicación se combinarán para educar a la población en un espíritu de convencido antirracismo.

El racismo es un producto específico del Capitalismo cuyo origen se encuentra en el comercio de esclavos, en la práctica de hacer prisioneros y embarcar por la fuerza a millones de negro africanos hacia América para trabajar como esclavos en las plantaciones. Este comercio y esclavitud fueron emprendidos por razones económicas. Produjeron inmensas ganancias y jugaron un papel primordial en la consolidación del Capitalismo. Pero, como toda forma de explotación, requería una justificación ideológica y esta fue proporcionada por el racismo que sostenía que por ejemplo los esclavos negros no eran humanos y los consideraban animales parlantes. Posteriormente cuando surge el Imperialismo se convirtieron en fuerza de trabajo barata y muchas veces gratuita, constituyéndose sus territorios en colonias con la justificación de que los nativos eran incapaces de construir por si mismos su futuro y sus naciones.

La invasión que se produce hace más de 500 años a nuestros pueblos para saquear sus riquezas origina una criminal y salvaje explotación de sus habitantes convirtiéndoles en  esclavos despreciados y al margen de todo derecho humano. Su cultura y tradiciones son reprimidas sangrientamente cultivando un rascismo que fue conducta del colonialismo capitalista que la revolución debe barrer.

Entre otras consecuencias del Capitalismo contemporáneo es que no solo existe competencia salvaje entre capitalistas sino que impregnan ese carácter también entre los trabajadores que rivalizan por un puesto de trabajo, vivienda u otro bien individual o familiar. La lucha contra esas taras, el sexismo, nacionalismo y sobre toda forma de racismo contribuirá a la construcción del socialismo con la participación por igual de trabajadores de todas las nacionalidades, razas y condiciones como propietarios colectivos y controladores de la producción y resolviendo los problemas de desempleo, falta de vivienda y pobreza.

8.       El valor de la Educación en la revolución.

La revolución socialista despertará entre la clase trabajadora y entre todos los oprimidos una enorme sed de conocimientos y formación.

Hoy millones de personas han llegado al convencimiento de que tener más conocimientos no tiene sentido porque dicen que “no se puede hacer nada” y “las cosas no cambiarán nunca”. Pero, en una revolución, de pronto se encuentran con la responsabilidad de controlar y dirigir todo el proceso de producción y de vida haciéndose necesario un mayor conocimiento en todo aspecto.

La tarea del Estado de los trabajadores y del pueblo será crear un sistema educativo que impulse y desarrolle ese deseo de aprender, opuesto al actual sistema educativo que convierte a niños ansiosos y entusiastas de aprender en amargados, aburridos y cínicos productos educativos dispuestos a integrarse al mar de desempleados y desesperados por buscar de alguna forma su supervivencia.

La escuela siempre reproducirá la estructura que se vive, en consecuencia será imposible una educación dentro del Capitalismo que elimine el carácter selectivo, competitivo, autoritario y colonial. La educación socialista, en un entorno diferente y con condiciones estructurales transformadas, preparará a todos y no solo a unos pocos elegidos para que tomen un papel activo, planificador y administrador, desarrollando íntegramente a la personalidad humana. Las escuelas no enseñarán a competir sino a colaborar, a la solidaridad. Serán escuelas democráticas, comunitarias y no autoritarias.

A medida que se reduce la semana laboral y se impone una automatización aliviadora del agotamiento laboral, la enseñanza se convertirá en algo que no termina a los 17, 19 o 21 años. Continuará como un proceso de toda la vida siempre relacionado a tareas prácticas y problemas planteados por la nueva sociedad. Las comunidades por fin tendrán la libertad de practicar la escuela comunitaria, herencia de siglos que Warisata intentó reproducir.

A la producción natural del arte en sus infinitas variedades se incorporarán ya no solo las élites de los pudientes económicamente sino todos. Millones de seres podrán con la más absoluta libertad expresar su arte que siempre se alimenta de las condiciones materiales y espirituales prevalecientes en la sociedad y familia. Las potencialidades artísticas que en la sociedad capitalista mueren por dificultades económicas surgirán por millones en la revolución, máxime si se perseguirá gradualmente la desaparición de las diferencias manuales e intelectuales que son profundamente enraizadas en la sociedad capitalista y sociedades burocráticas con desprecio a la capacidad de los millones de habitantes.

9.       De la necesidad a la libertad.

El último objetivo del Socialismo y de la lucha de la clase trabajadora, naciones originarias y clase media pobre es la Libertad. El Capitalismo y toda la variedad de sus gobiernos aparentemente respetuosos de la libertad se llena la boca con esta palabra. Hablan de libertad  de expresión, para humillar y pretender callar a los pobres; libertad de empresa, para hacer lo que uno quiera con su dinero. Pero está muy claro que mientras dominen y controlen los medios de producción, los medios de comunicación y el Estado esas libertades seguirán enormemente restringidas y casi sin ningún significado para las mayorías y los pobres. También saben que tienen el poder para limitar o pisotear sangrientamente esas libertades cuando lo encuentren necesario.

Los revolucionarios saben que en una sociedad dividida en clases no puede haber libertad absoluta. El Capitalismo ofrece una fraudulenta y abstracta libertad en cambio lo que se quiere es una libertad real y concreta, liberándonos primero del hambre y la pobreza, liberándonos de la guerra y del trabajo interminable, de la explotación, del colonialismo enfermizo, de las opresiones raciales y sexuales. Estas son las libertades por las que luchamos. Cuando se den esas libertades reales y concretas se estará marchando, sin lugar a dudas a la construcción de un sistema en el que el Estado se haga innecesario y por lo tanto se extinga gradualmente. No habrá clase opresora que defender ni clase oprimida que someter. En el Socialismo mundial no hay intereses nacionales que defender ni imperialismo extranjero que combatir.

La necesidad del Estado es primordial para la clase explotadora para someter a millones de habitantes a sus condiciones con falsos argumentos de democracia, libertad y constitucionalismo. Sus organismos fundamentales son los coercitivos y represores como el ejército y policía. El Capitalismo embauca a la sociedad haciéndonos creer que estos organismos sirven para la seguridad ciudadana y la defensa de la soberanía nacional. En el caso de guerras, son simples instrumentos de gigantes monopolios trasnacionales que luchan entre ellos para dominar mercados y fuentes de materias primas y laborales. En el caso de la delincuencia la situación es cada vez peor y no pasa un día que no se conozca de hechos cada vez más monstruosos. Los organismos policiales que deberían evitar la proliferación de la delincuencia demuestran que son efectivos sólo para reprimir a los movimientos sociales y sindicales que luchan por sus legítimos derechos. Sin embargo cada día exigen más presupuesto, se multiplican policías y cárceles, se endurecen las condenas y se criminaliza toda acción.  

Por eso es que la esperanza de que desaparezca la delincuencia en todas sus variedades es en la sociedad socialista, porque básicamente los motivos y oportunidades para cometer delitos desaparecerán. En el caso del transporte la generalización de un transporte público hará innecesario el transporte privado por lo que las razones para los robos de vehículos o sus componentes disminuirán radicalmente. Así mismo la existencia de una sola salud estatal y gratuita disminuirá en gran medida la mercantilización, la delincuencia y la negligencia de la medicina. En infinidad de rubros las prácticas delincuenciales  disminuirán de raíz y será muy diferente a la actual “solución” parche y coyuntural de los gobiernos capitalistas que aumentan geométricamente los recursos para reprimir y aumentar las cárceles y endurecer las penas como si fuera esta la solución de fondo.

En cuanto a dirigir la economía, hoy, son las economías las que dirigen al Estado y no al contrario. Hasta ahora la dirección de la Economía por parte del Estado ha aumentado por dos razones: para intentar –sin ningún éxito- de mitigar las contradicciones internas del Capitalismo y para organizar las fuerzas de los capitalismos nacionales en competencia con otros. Con el socialismo estas dos necesidades desaparecerán.

En la sociedad Socialista del futuro desaparecerá junto a los últimos vestigios de las clases y completará el salto trascendental de la Humanidad desde el reino de la necesidad al reino de la Libertad, que es la esencia del Socialismo.

 

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